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Trastornos de la alimentación: cuando el “qué me pongo” se vuelve patológico

Raúl Bustamante

 

Imágenes de la campaña sueca contra la anorexia y la bulimia.

  • Son enfermedades que aparecen después de una etapa dura de la vida: desde un fallecimiento hasta un cambio de domicilio.
  • Actualmente, el perfil prototípico del enfermo se ha diluido y lo mismo ocurre con la edad.
  • Pueden curarse al 100%, pero el tratamiento es largo.Una chica en ropa interior se mira en el espejo, con cara triste.Coge carne de sus piernas, de su barriga, de su cuello… llora porque se ve gorda y, sin embargo, cuando la cámara se aleja, se ve que es una persona esquelética la que está frente al espejo limpiándose las lágrimas.Esta campaña sueca contra la anorexia y la bulimia está a punto de llegar a las 100.000 visitas en Youtube y destapa un problema que está latente en la sociedad de consumo. María del Carmen González es la coordinadora general de ADANER (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia), y trata a diario con pacientes que sufren esta enfermedad.

    Según ella, a los trastornos alimenticios les precede un aislamiento porque son enfermedades que aparecen después de una etapa dura: “puede tratarse de un fallecimiento, de la pérdida de la red social, de un cambio de domicilio”, afirma María del Carmen.

    “La persona entonces se aísla un poco, comienza a sufrir cambios de humor, le invade la tristeza… luego aparecen cuestiones relacionadas con la comida, empieza un diálogo sobre el peso, si tienen báscula se pesan mucho, preguntan insistentemente ¿cómo me ves?“, hasta que todo termina girando en torno a la comida, al peso y al cuerpo.

    En cuanto a la identificación de las enfermedades, “la anorexia es más fácil”, porque “el enfermo deja de comer” mientras que resulta “más difícil localizar los problemas intermedios, de gente que come más o menos bien delante de la familia pero busca excusas” para no comer.

    “Hay que estar pendientes sin que sea una obsesión”

    Los padres “tienen que coger el máximo de información” sobre la enfermedad, porque la familia tiende a hacer “lo que le dicta el instinto”.

    Según María del Carmen, “por mucho que uno esté atento no puede curarlo” porque estamos ante enfermedades.

    Los padres no pueden ser policías y acompañar al hijo siempre que vaya al baño

    “Lo importante es contactar con una asociación para conocer el problema”, afirma.

    Los padres no pueden “ser policías, no pueden acompañar al hijo siempre que vaya al baño”, lo que no significa que deban despreocuparse, sino que deben “estar pendientes, sin que sea una obsesión”.

    Dentro del entorno más cercano encuentra un problema, porque cuando se empieza a adelgazar “hay un período en el que (al enfermo) se le refuerza positivamente, se le dice qué bien, ¿cómo lo haces?” que pasa a ser un refuerzo negativo cuando “se adelgaza mucho”.

    “No se pregunta si se está enfermo”, en su lugar “se dice ¡Oh, qué suerte!“.

    El refuerzo negativo desemboca también en atención y “todos necesitamos que nos mimen” por lo que, al girar todo “en torno a esa imagen”, se termina por “ignorar la base, el por qué no se sentía bien, se quería poco, por qué tenía poca autoestima”.

    Es entonces cuando, “en vez de una depresión, aparecen trastornos alimenticios”.

    “Aunque el hambre duele, duelen más las emociones”

    El mensaje que recibimos de los medios es que si eres delgado tienes más opciones de tener éxito y felicidad

    “El mensaje que recibimos de los medios es que si eres delgado tienes más opciones de tener éxito y felicidad, sobre todo en la mujer; no importa lo demás si no estás delgada” apunta la coordinadora.

    Por eso “a veces se empieza a hacer una dieta pensando que si adelgaza será más feliz” y la dieta, aunque no le lleva a esa situación, “es un factor precipitante, porque la carencia de nutrientes lo exacerba todo, también el malestar psicológico”.

    “Aunque el hambre duele, duelen más las emociones”, concluye.

    “Le puede pasar a cualquiera”

    • Perfil

    “Ya no hay un perfil”, afirma, “antes estaba muy claro: las personas anoréxicas eran hipersensibles, autocríticas, perfeccionistas… y empezaban una dieta que extremaba todos esos rasgos mientras que las personas bulímicas eran más impulsivas, no meditaban”.

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